Carta a los restaurantes

Divisor de ibefy en un restaurante con menú del día cerca de ti.
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Estimados restaurantes,

Es en estos duros momentos cuando uno se para a pensar en las cosas que realmente valen la pena en este mundo en el que vivimos.

Es ahora cuando afloran los recuerdos de toda una vida, situaciones que antes apenas valorábamos pero que, sin duda, se han convertido en necesarias para llenar y alegrar nuestro día a día.

Las tapas después del trabajo, las comidas con nuestros amigos o familia, las cenas con nuestra pareja, los planes improvisados en una terraza de cañas que siempre acaban en un… “Ey, ¿Y si hoy comemos por ahí?” o… “Oye, ¿Cenamos algo y tomamos una copa?”.

Es en esta difícil situación que nos ha tocado vivir, con nuestros sanitarios resistiendo exhaustos y nuestros enfermos, sobre todo ancianos, luchando estoicos ante este intruso que cambió todo, cuando uno repasa su vida y se da cuenta de que estáis presentes en tantos y tantos momentos…

Es ahora, echando la vista atrás, cuando nos damos cuenta más que nunca de que vosotros, los bares y restaurantes, sois dueños y responsables de la totalidad de los grandes recuerdos de la vida. Desde antes de nacer hasta que agotamos nuestros días.

La cena romántica que acabó en una noche de pasión, la alegría del embarazo y el festín de aquel bautizo dónde no había espacio para lágrimas, bueno sí, las de la abuela llorando de felicidad, el primer cumpleaños, la primera comunión, nuestros 18 años… ¿Os acordáis de las risas en la cena de graduación de la universidad?

Sin quererlo poco después llegaron los 30, esa cifra en la que te sentías entre dos tierras y que celebramos por todo lo alto con la familia, con los amigos y con “ella”… Con ella llegó pronto la boda, nunca podremos olvidar ese día, la familia completamente reunida, amigos del colegio, de la universidad y del trabajo…

Ufff, el trabajo… Las cenas de empresa, las cañas y tapas con María, con Juan y con Pepe al salir de la oficina y lo extraño que me sentí cuando llegó la jubilación. Que sensación más rara cuando nos despedimos en aquella cena y supe que otra etapa más había acabado…

Nunca olvidaré el abrazo que nos dimos al reencontrarnos de nuevo todos en nuestras bodas de oro y lo que lloramos juntos porque Pepe ya nos había dejado… Menos mal que allí estaban mis nietos para animarme.

Los bares y restaurantes, bajo vuestro techo y con vuestro trabajo, habéis hecho posibles todos los grandes momentos de nuestra vida casi sin darnos cuenta. ¿Quieres verlo?

Tenemos tanto que devolveros, nos queda tanto por vivir… Que no hemos sabido encontrar ninguna otra forma de compensar los todos los momentos que nos habéis regalado, más allá de este humilde agradecimiento por toda una vida en vuestras “casas”.

Como las personas que formamos ibefy y no como empresa, simplemente gracias.

Nos queda mucho camino juntos.

El equipo de ibefy,

Pablo, Jónatan, Esther y Miguel Ángel.